En estas dos últimas semanas me ha correspondido presidir tres importantes actividades con jóvenes de la comuna y, aunque fueron de distinta naturaleza, tienen un denominador común: la esperanza de que las generaciones de recambio aporten efectivamente al ideal de un mundo mejor.
Un día después inauguramos en la explanada poniente del Estadio Nacional las canchas para la práctica de acrobacias en bicicleta que permitirán a los cultores de ese deporte un recinto seguro para una actividad de sano esparcimiento, lejos de vicios. Ellos mismos dijeron que esta iniciativa era vital para el cuerpo y el espíritu de los jóvenes.
Y completamos esta semana con otra reunión de gran significado. Me refiero a la entrega de recursos a los clubes ganadores de los proyectos concursables para actividades recreativas que alejen a los jóvenes de la droga.
Sin duda que éstos clubes de jóvenes hacen aportes valiosos, vitales y esperanzadores. No estamos condenados a una sociedad individualista, sumida en el materialismo y en que nuestros jóvenes sean presa fácil de las drogas y otros males sociales. Los integrantes de esos clubes están también mostrando que se puede ser solidario, que pensar en los demás debe ser una práctica diaria. Que puede haber un espíritu generoso como el de la Navidad todo el año. Por eso es que los felicité y comprometí todo el apoyo para que juntos, entre todos, y con el mayor ahínco posible, construyamos ese mundo mejor.
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